¿PODEMOS HABLAR SÓLO DE REPRESIÓN
      CUANDO HABLAMOS DE REPRESIÓN?


      3.- CENTRALIDAD POLÍTICO-MILITAR:

      El símil del pulpo ilustra perfectamente esta característica del Estado, pues muestra cómo sus aparatos centrales, sus ministerios, etc., son el cerebro del pulpo, que dirigen y coordinan el funcionamiento de los tentáculos, de las oficinas de esos ministerios en el territorio de la nación oprimida, llevando a cada milímetro de su realidad cotidiana la presencia del Estado. En realidad, el Estado tiene otros poderes, los paraestatales y los extraestatales. Los primeros son todo el conjunto de instituciones que dependen más o menos estrechamente del Estado mediante ayudas, presupuestos, objetivos, informaciones, etc., y los segundos son los que aún estando más distanciados en la complejidad legal también dependen en última instancia y, sobre todo, pueden aportar al Estado multitud de informaciones y datos que éste necesita para mantener su explotación y ocupación. Es como si el pulpo tuviera a sus órdenes directas otros pulpos más pequeños y que dependen de él para casi todo, y que además, contase con la ayuda de otros pulpitos más distantes pero que también le ayudan cuando el Estado se lo exige o se lo pide, y que, estos últimos, también dependen del Estado en el sentido decisivo de que el Estado determina e impone a la larga las grandes directrices socioeconómicas, ideológicas, etc.

      Con la descentralización administrativa que supuso el llamado "Estado de las autonomías", en realidad lo que sucedió fue que el pulpo mayor, el Estado hipercentralizado español, cedió algunas atribuciones secundarias y nunca peligrosas del todo a los pulpitos regionales, a las burguesías regionales para que estas facilitaran la dominación en todo el territorio estatal, adquiriendo parte del coto de caza y ahogando y destruyendo con su colaboracionismo contra toda esperanza de los pueblos de avanzar hacia su independencia y unificación nacional.

      El sistema represivo resultante de esa ampliación, extensión e intensificación de los pulpitos controladores y represores como de las relaciones entre ellos, y su supeditación última a la centralidad estratégica del Estado, al gran pulpo, es, obviamente, un sistema represivo mejor que el anterior, que el franquista, que intentaba abarcar todo desde Madrid y que resultaba cada vez más inoperante, cada vez más superado por la crisis general del franquismo y por las luchas de las naciones oprimidas. La UCD lo que hizo fue imponer al resto de fuerzas reformistas y a los sectores franquistas más fanáticos, la suficiente descentralización administrativa del sistema represivo global para aumentar así el poder último del Estado. Consiguió, de este modo, obtener la ferviente colaboración de muchos antifranquistas, de otras burguesías regionales, y de los franquistas más atemorizados por los posibles efectos de la crisis. Posteriormente, el PSOE perfeccionó en varias fases diferentes las relaciones entre el Estado y los restantes subpoderes regionales delegados, en donde hay que introducir a la Ertzaintza, a la Policía Foral de Nafarroa, a las diversas policías regionales del estado, etc. En el texto que se adjunta hay un análisis más detenido de este proceso decisivo.

      Veamos un poco algunas de las ideas que se exponen en el texto que venimos citando:

      "Precisamente, esta mutua dependencia entre la pervivencia histórica de la fuerza simbólico-material de los intereses opresores y la evolución de los sistemas represivos, es la que nos permite estudiar las características básicas y obligadas de todo sistema represivo para poder ser definido como tal. Estas características son:

      La unidad político-militar de mando y dirección por y en manos del Estado. Este criterio es básico y es una lección histórica no sólo en el arte militar en cuanto tal sino también en su capítulo represivo. Allí donde esa unidad haya desaparecido o incluso esté muy seriamente debilitada de modo que se resienta la operatividad y efectividad global de la represión, donde eso ocurra no existe sistema represivo, sino restos suyos descoordinados, actuando cada uno por su parte. La unidad de mando es decisiva, elemental, porque responde a una ley estratégica del arte militar en su sentido lato, y, en este escrito, partimos de esa ley como un principio apodíctico".

      No hace falta citar la constitución española y las dependencias orgánicas del Amejoramiento Foral y del Estatuto de Autonomía para comprender la importancia estratégica del ejército en el mantenimiento de la "unidad nacional". Al fin y al cabo lo decisivo es la práctica, y ya antes de que se inventase la UCD a todo correr, recogiendo los restos del naufragio franquista, ya estaba decidida con antelación las formas y los métodos permanentes por los cuales el ejército controlaría la evolución política de la "transición democrática". Posteriormente, no se entiende nada de los cambios de y en los sucesivos sistemas represivos sin tener en cuenta lo arriba dicho, es decir, la forma concreta de adecuar en cada coyuntura política y sobre todo en cada nuevo contexto de lucha contra Euskal Herria la unidad de mando.

      Pero las especiales condiciones históricas de formación reciente de España con los problemas internos que ello acarrea, exigen además:

      "Una aceptación consciente y colaboracionista de las instancias represivas en sus diversos niveles hacia esa unidad de mando anterior. Bien puede ocurrir que exista tal mando central pero que las instancias paraestatales, extraestatales, o los poderes regionalistas delegados, etc., pongan muchas pegas, cumplan a regañadientes las disposiciones estatales y, en definitiva, no colaboren plenamente. En este caso no existe un sistema represivo en cuanto tal sino una estructura vertical de dirección sin capacidad de aplicar toda la estrategia que ella ha decidido pero que otras instancias no ejecutan".

      Una de las obsesiones más profundas de los diversos sistemas represivos habidos hasta ahora ha sido la de centralizar todo lo posible el funcionamiento simultáneo de la Ertzaintza y de la Policía Foral con las fuerzas españolas. Con el PP esa obsesión ha subido de grados y ha llegado incluso a extenderse hasta Catalunya, en donde la policía autonómica y las policías municipales han comenzado a realizar controles y vigilancias directamente relacionadas contra ETA. Por otra parte, no hay que negar la obsesión por parte de la Ertzaintza y de la policía foral navarra en "demostrar" su fidelidad perruna a la unidad de mando militar madrileña.

      Pero con la llegada del PP al gobierno de Madrid, la estrategia represiva dio un salto cualitativo que buscaba:

      "Una sistematización de intervenciones represivas globales que abarquen las áreas políticas, económicas, culturales, policíaco-militares, informativas e internacionales. Tal globalidad busca aumentar las presiones paralizantes, los medios de integración en el sistema, las tácticas de desunión de l@s oprimid@s, etc., de modo que el poder pueda intervenir policialmente con más legitimidad, más apoyos y seleccionando los golpes, los objetivos. La ausencia de planes políticos y económicos, por ejemplo, supone una gran sobrecarga de los instrumentos específicamente policíaco-militares que deben suplir con el palo lo que podría intentarse paliar con la zanahoria, o al menos con una compaginación de ambas. Una dictadura no tiene necesidad de un sistema represivo porque la propia dictadura es el sistema represivo en sí mismo. Una democracia burguesa autoritaria, semimilitar, como la constitucional española, arrastra profundas debilidades inherentes a su trayectoria histórica, lo que le exige grandes esfuerzos para el permanente reforzamiento de sus sistemas represivos, y, como veremos, su cambio periódico".

      Es cierto que eso también lo hizo el PSOIE y que en buena medida ya estaba no sólo anunciado por la UCD sino que incluso éste partido ya comenzó a aplicar los rudimentos de estas prácticas. Sin embargo con el PP se ha dado también aquí un salto cualitativo, un salto que bien podemos definir como un nuevo paradigma represivo:

      "Una doctrina o paradigma estratégico que precise objetivos, medios y tácticas, alianzas, coberturas, plazos y etapas, instrumentos de revisión periódica de los resultados y corrección de errores y, si hiciese falta, de replanteamiento parcial de los propios objetivos iniciales. Esta doctrina tiene claras similitudes con el punto anterior pero no es lo mismo ya que ahora se trata de una definición sintética y abiertamente político-militar del sistema represivo en su esencia definitoria: vencer al enemigo designado. Es cierto que se da por entendido, por otra parte, que el punto primero de unidad de mando estatal conlleva la unidad estratégica, pero ocurre que no siempre es así, pues la unidad de mando, que es un requisito imprescindible, bien puede resultar incapaz de elaborar una doctrina estratégica, o incluso puede fracasar al aplicar una que le haya sido enseñada y aportada por la potencia imperialista hegemónica. Unidad de mando no quiere decir indefectiblemente capacidad de elaboración de una paradigma represivo. Un sistema represivo carente de paradigma o doctrina pierde efectividad estratégica aunque, al comienzo, obtenga victorias tácticas".

      La unidad de mando, como estamos viendo, puede mantenerse porque sigue vigente el poder del Estado, aunque éste haya perdido mucha legitimidad y las luchas populares y sociales han superado y derrotado a la doctrina o paradigma todavía oficial. En estos casos, es decir, cuando la realidad va por delante del Estado la represión en su globalidad va quedando también retrasada, aunque puede seguir haciendo daño.

      4.- ¿QUÉ ES LA REPRESION?

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